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cuento infantil Almendrita

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cuento para niños  Almendrita

cuento para niños  Almendrita

Era un día de lluvia y de mucho viento cuando, de un almendro muy alto, cayó una minúscula almendrita que, por suerte, fue a parar dentro de una cáscara de nuez que le frenó el golpe y le sirvió de casita.
Como estaba lloviendo mucho, el agua formó en el camino un riachuelo por el que se deslizaba la cáscara de nuez como si fuera una barca con la almendrita de marinera. Bajaban cada vez más rápido hasta que llegaron al río de verdad. Pero entonces ya se había hecho de noche y la almendrita se había quedado dormida.
Al día siguiente dejó de llover y salió el sol, pero la nuez seguía bajando por el río sin saber a dónde iba. Almendrita tenía un poco de frío, así que alargó sus manitas y llegó justo para coger unas hojas que flotaban en el agua y que le sirvieron para taparse.

Almendrita iba viajando por el río, atravesando lentamente el hermoso bosque. Era muy interesante mirarlo todo. De repente, allá a lo lejos, vio una granja con muchos animales: pollos, gallinas y… ¡patos que chapoteaban cerca de ella!
Se asustó mucho porque pensó que iban a volcar su minúscula barca. Entonces pensó que no estaría nada mal si conseguía unos remos con los que poder esquivar los obstáculos. Pero, ¿cómo podría conseguirlos?. También empezó a pensar en quedarse en algún lugar. No quería llegar a una gran ciudad donde el río estuviera sucio y donde no pudiera ver el sol ni tampoco los animales, los árboles y las flores que había en el campo.
Decidió que debía quedarse en aquella granja que había visto hacía un ratito. Pero necesitaba los remos, porque sino… ¿cómo podría llegar a la granja? Sin ellos estaba perdida.
Mientras pensaba en todo esto vio a un niño sentado en el margen del río, pescando unos pececillos plateados que iba metiendo dentro de una cesta. Cuando llegó cerca de donde estaba el niño le pidió ayuda, y el chico le tiró dos palillos que llegaron hasta Almendrita y que le fueron perfectos para acercarse a la orilla. Cuando llegó pudo descansar y pasar la noche tranquila.

Al siguiente día se despertó muy hambrienta. Pero, ¿cómo encontraría comida si era tan pequeña? ¿Quién podría ayudarla? Una tortuga, que estaba cerca de ella y tenía un enorme caparazón… ¡Se veía tan segura!

- ¿Puede llevarme a la granja montada en su enorme caparazón?, le pidió Almendrita a la tortuga.

La tortuga se llamaba Inés y no sólo llevó a Almendrita hasta la granja, también le presentó a la vaca Margarita.

- Yo te daré leche fresca cada mañana, dijo Margarita.

También descubrió que el granjero hacía un pan delicioso y su mujer una mermelada de moras fantástica.

La tortuga Inés le dijo:
- Yo te acompañaré otra vez a tu barca, pero creo que deberías buscarte una casita donde vivir.

Allí en el bosque, Almendrita encontró una seta gigantesca, con un sombrero enorme que le servía de toldo para no mojarse ni tener calor. Entró dentro y… ¡las setas son tan blanditas y esponjosas y se descansa tan bien! ¡Qué feliz sería en aquel lugar!

Quedó con la tortuga Inés que cada día la acompañaría a la granja en su enorme caparazón.
Al día siguiente, conoció a los amigos de Inés, los grillos, que estaban todo el día tocando música, como si fuesen una orquesta, haciendo cri-cri-cri con sus patas muy alegres y contentos. La libélula se ofreció para acompañarla en los viajes más largos y servirle de avioneta. El niño pescador se llamaba Pedro, y siempre la saludaba. Un día le dio una cuerda para que Almendrita atara su cáscara de nuez a un junco, al lado de su casa. Así tendría su barquita a salvo de los vientos y las corrientes del río.

Y poco a poco, con la ayuda de todos, Almendrita encontró el mejor lugar en el que vivir y todos contribuyeron a hacerle la vida muy agradable y divertida.
...y colorín colorado
este cuento se ha acabado.

 

cuento de almendrita

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